A veces no estás para esto de jugar a juegos de rol o a veces la afición se siente como una carga en lugar de un espacio para olvidarse del mundo a tu alrededor. No te preocupes, no tengo esa solución mágica que debería prometer en este punto, incluso es probable que lo que voy a decir tenga efectos perjudiciales. No soy terapeuta, así que toma lo que te resulte útil y no me tomes demasiado en serio.
Estas cosas pasan, con esta y con otras aficiones, y sospecho que tiene más que ver con defecto del caballo que con la afición en sí. Me ha ocurrido en varias ocasiones y al final me han ayudado a enriquecer mi recorrido vital y a visitar otros lugares. Con las crisis creces. Se han documentado casos de personas que tras pasar por varias crisis han alcanzado los tres metros de estatura. Nos convertimos en gigantes.
Cuando te pasan estas cosas es complicado averiguar las causas y motivos que te han llevado a esta situación. No sé si habéis leído el Monstruo de Colores de Anna Llennas. El monstruo de colores no sabe qué le pasa. Se ha hecho un lío con las emociones y ahora toca deshacer el embrollo.
Pues sí. Por si os lo estabais preguntando desconozco el VD del monstruo de colores.
Este verano necesitaba descansar, desconectar, desaparecer y cualquier otro verbo que comenzase por des-. Por primera vez en mucho tiempo me fui de vacaciones sin ningún manual de juego, ni siquiera una libreta para tomar notas. Por la mañana al levantarnos mi pareja y yo dábamos un largo paseo hasta la playa, nos sumergíamos en el agua, tomábamos un poco el sol y volvíamos a casa justo para la hora de comer. Por las noches me dediqué a ver películas extrañas que me tropezaba por casualidad. Y poco a poco descubrí para mis sorpresa como mi cuerpo se iba descomponiendo en partículas de energía pura como si fuese una pastilla efervescente.
Me dediqué a visitar exposiciones de arte contemporáneo y noté que volvía a tener la mirada limpia, libre de prejuicios. Disfruté muchísimo vagando a mi antojo y haciendo lo que me diese la gana.
Teníamos planeado arrancar una campaña de Runequest: Aventuras en Glorantha a la vuelta de las vacaciones. Le estuve dando vueltas al asunto. Lo primero que debe aprender un director de juego es a saber dar un paso atrás. Si en ese momento no estaba en ese lugar era mejor dejarlo estar. Ya tendrá su momento. Ellos me insultaron, me llamaron de todo, lloriquearon, mandaron audios anónimos amenazantes ... ¡Qué va! Estuvieron ahí. Somos mesas. No literalmente, tuyasabe.
Pasado un tiempo me compré una libreta horrorosa en unos grandes almacenes y empecé a anotar cosas, letras de canciones, ideas sobre lo que escribir, las películas que había visto e incluso fantaseé con la idea de poner en marcha un proceso artístico.
Pensé que quizás este era el final de un ciclo, quizás tenía que dejar marchar a los juegos de rol. Y me encontré que quería seguir jugando con esta gente, viejas y nuevas personas y fantasear juntos de nuevo, para siempre. Poco a poco, entre esas anotaciones en mi repugnante libreta de color verde, ¡Verde, por el amor de dioooossss! comenzaron a asomar pequeñas ideas relacionadas con los juegos de rol.
La libreta es ese espacio para pensar en el que puedes dejar reposar algo hasta que llegue su momento. No estás en disposición de volver a empezar hasta que estés dispuesto a dejarlo ir. ¿Como en el amor? ¡Buah, no seré yo quien se meta en ese jardín!
Regresé a casa. Y dejé por el camino todo aquello que no me aportaba valor. Y crecí. Este verano me he puesto tibio a helados y coca colas y he vuelto un poco más trofollo ¡Jodido verano!
Ahora vuelvo a mi mesa, hay un ejemplar de Questworlds, el Mythic, los libros del Lazy DM, unas cuantos cuadernos, mi flamante estilográfica, un puñado de rotuladores calibrados y un útil corrector ortográfico para pasárselo por encima a todo aquello que no quiero en mi vida. A veces me siento y pienso, dejo pasar el tiempo, escribo un par de frases en mi cuaderno, la buena vida.
He preparado un par de aventuras y en algún momento organizaremos algún lío. Me siento con una sonrisa cada vez que jugamos a esta mierda. Creo que he cruzado las puertas del verano y no pienso volver, quizás este haya sido el Fey de mi vida. Tuve que ir a rescatar a Maeve a ese otro lugar tras las piedras de la colina. Ahora entiendo porqué se había marchado y porqué volvió conmigo y con sus hermanos ¡Jodidos Finnegan!
Nada más por hoy. Ya os podéis marchar.
Jugad partidas preciosas.
Creo que he estado en una situación muy similar a la tuya en un momento de mi vida, y también volví más ligero después de dejar atrás lastre que no me estaba haciendo nada de bien. Me ha pasado también lo de sentir el rol como una carga que no me aportaba, y también lo de irme de vacaciones y no llevarme nada de nuestra afición compartida conmigo. Y el caso es que regresamos, supongo que porque siempre se quiere regresar a aquellos lugares en los que fuimos felices, aunque tanto ellos como nosotros seamos distintos. Me alegro de que tengas de nuevo ilusión por jugar y dirigir. Y de escribir en tu blog; disfruto mucho leyéndote :).
ResponderEliminarMuchas gracias. Mi madre detestaba los juegos de rol cuando era un niño. Me sorprendió cuando retomé la afición que llegase a reconocer que me llenaban tanto. Es difícil dejar algo así.
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